1 sept. 2015

El Milagro de la Tizná



En 1653 un misterioso rayo mató a tres niños en el pueblo de Jérez del Marquesado y causó graves daños en el patrimonio religioso de la iglesia. Se dice que su patrona, Nuestra Señora de la Purificación, conocida popularmente como La Tizná, obró el milagro de devolver a la vida a los pequeños.
Francisco de Moya, párroco de la iglesia de Jérez en aquellos años, escribió el prodigio del que había sido testigo todo el pueblo


Y dice así:


"A diez y ocho días del mes de junio de este presente año de 1653, fecha en la que la Iglesia celebra los natales de los gloriosos mártires hermanos San Marcos y San Marceliano, a las cuatro o cinco de la tarde, se oyó un espantoso trueno y vino un desacostumbrado y gran relámpago que pareció encender toda la villa con el fuego que traía al caer en la iglesia. Un rayo cuyos admirables y prodigiosos efectos referiré para gloria de Dios nuestro Señor y culto y veneración de la reina de los ángeles, la Virgen Santísima de la Purificación, por cuya intercesión y ruegos creemos todos que esta villa no quedó hecha polvo y ceniza en este día de ira de Dios nuestro Padre y Señor".

"El rayo impactó directamente sobre la torre de la iglesia con tal fuerza que destrozó una cruz de madera, presuntamente milagrosa, que estaba envuelta en un lienzo blanco. Pero la cosa no había hecho más que empezar, ya que aquel rayo se transmitió por toda la torre, donde se fragmentó en dos. Uno de los rayos surcó el capitel, atravesó la muralla y pasó por la sacristía para terminar en el altar mayor, donde impactó contra la imagen del Santísimo Cristo. Al cual quebró tres dedos -contando desde el pequeño- y llegó hasta el tabernáculo del Santísimo Sacramento, en cuya cima estaba un Santo Niño Jesús, a quien le rompió una corona de plata y el brazo derecho, le quemó el barniz de la mejilla y de la garganta. Después de cometer tales destrozos, el terrible rayo se consumió tras romper el arca del Santísimo Sacramento y la puerta del Sagrario, así como los cuadros, los candelabros y los manteles que allí se encontraban"

El asunto no habría pasado a mayores de no ser porque el otro fragmento del rayo tuvo un inoportuno encuentro con tres niños del pueblo, que estaban tocando las campanas de la iglesia  según una cadencia denominada "a tormenta" o a "nublo" que indicaba a todos los pobladores la necesidad de acudir a la iglesia para rogar por la intercesión del Altísimo. "Alonso, hijo de Luis de Alcalá, Juan, hijo de Pedro de Sierra y Bartolo, hijo de Francisco Rabelo, se quedaron como muertos por grande espacio. Tenía Juan abrasado el vestido, y Alonso un agujero por la parte de la espalda como de bala, quemado alrededor, y de olor pestífero". 

"El rayo siguió su marcha hacia el interior de la iglesia, donde destrozó el suelo de la torre, un par de ventanas y los muros. Salió finalmente por la parte trasera de la capilla de Nuestra Señora de la Purificación y, después de destruir diferentes enseres, se hundió a los pies de la imagen de la Virgen, como desafiándola".
"Bajaron a los niños a la iglesia y puestos ante la Santísima Imagen de la Purificación, fueron grandes los clamores, los llantos y las súplicas que hacían sus madres y otras piadosas mujeres. Todos los vecinos, absortos y atemorizados, fueron a la iglesia a pedir misericordia a Dios Nuestro Señor, creciendo el llanto y las lamentaciones. Poco después los niños volvieron en sí, atónitos y asombrados. Se miraron desnudos y se les halló en las carnes unas cintas moradas, como sangre seca. Fueron grandes las alegrías y las voces que se mezclaron en aquella confusión viendo vivos a los niños".



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